Buscando material para adelantar algunos posts sobre pseudociencias, me
encuentro con el sitio de
Jorge Ballario, un psicoanalista
que gusta de
librar algunas batallitas. El las llama
"polémicas", aunque no creo que
sea el término correcto, porque para que lo sean debería haber un
debate mínimo, y nadie se preocupó por contestarle. Todas sus
"polémicas" son sólo
respuestas que envió a la sección de correo de lectores de
revistas (principalmente, a las revistas Ñ y Noticias) y un
artículo que escribió para Página/12, donde suele publicar.
Como defensor y practicante de pseudociencias, Ballario cae en el lugar
común de todos estos chantas, que es atacar por múltiples vías -ninguna
de ellas válida- y no comprobar la validez de las teorías en que se
basan su práctica profesional.
Como no podía ser de otra manera, Ballario
responde a las críticas de
Mario Bunge al psicoanálisis con argumentos
ad hominem:
"Este
emblemático personaje que reside en Canadá, aprovecha el prestigio
que le concedió el primer mundo para darle rienda suelta a su
'neurovirulencia'". Habría que recordarle a Ballario que
la McGill
University, si bien es prestigiosa, no está precisamente dentro del
"primer mundo" académico. Si a Bunge le importara semejante cosa,
hubiese elegido la Universidad de California, Harvard, Oxford,
Cambridge o MIT.
Luego, en el mismo artículo, utiliza otro conocido argumento, el de las
conspiraciones:
"Estas
prácticas fundamentalistas de colonización
mental, muy
probablemente al servicio de las corporaciones de los fármacos,
estarían motivadas política e ideológicamente, por el venturoso
porvenir que en ese terreno vislumbran los poderosos actores
interesados". Si, Jorge, si... las farmacéuticas los
persiguen, no
quieren que ustedes sigan con su exitosas terapias donde nunca se da de
alta a los pacientes, ellas quieren llevarse la guita que ustedes hacen
tratando durante 20 ó 30 años a pobres incautos.
Obviamente, como el psicoanálisis solo se justifica a sí mismo, nos
dice:
"Por
consiguiente, ese soberbio discurso provoca una
peligrosísima
situación sintomática para los sujetos humanos, al incitarlos a la
atención solo corporal de sus padecimientos. Tal vez, gran parte de la
desbordante realidad sanitaria (y general) del mundo, represente –en
forma abstracta y simbólica–, un intento por parte de la subjetividad
de la época de rebelarse de su Amo, reconquistando su deseo".
Este
párrafo es maravilloso... la atención sólo corporal? Y qué otra cosa
buscás, Jorgito? La mente, ese ente extracorpóreo, que en pleno siglo
XXI sólo puede ser considerado tan real como el alma? Luego sigue con
chamuyo lacaniano.
En otra de sus "polémicas", le
responde al profesor Roy Ascott.
En un
párrafo dice:
"Es
bastante frecuente, que tal como ocurrió en esta oportunidad,
destacados intelectuales del primer mundo, en el marco de sus giras
académicas, aprovechen sus exposiciones mediáticas, para incursionar
burdamente en disciplinas como el psicoanálisis, que evidentemente no
manejan, pero que al mismo tiempo detestan y no pueden evitar referirse".
No hace falta manejar el psicoanálisis para darse cuenta que es una
pseudociencia, basta con hacer la prueba de falsabilidad, conocer la
falta de comprobación de las teorías psicoanalíticas y estar al tanto
de los innumerables descubrimientos científicos que demuelen los mitos
en que se basa el psicoanálisis. Por cierto, es por todo esto que los
científicos detestan al psicoanálisis, Jorge. No es por ningún
mecanismo de represión
Otra joya:
"Aunque
muchos de estos personajes ni se conozcan entre sí,
dadas sus
particularidades comunes, y para facilitar el análisis de su 'modus
operandi', propongo incluirlos en una abstracta categoría denominada:
'la banda de los cientificistas neoliberales', cuya sigla
identificatoria podría ser la 'BCN'. De este modo contarían con un
nuevo símbolo que los aglutine, y podrían aunar esfuerzos e
intercambios más eficazmente. A los integrantes de esta banda los une
su formación; ciertos gustos e intereses compartidos; los premios y el
prestigio que les otorga el 'primer mundo'; su afán por negar al
psicoanálisis; y por sobre todas las cosas, su intenso deseo de crear
una subjetividad dócil y fascinada por la tecnología".
Esto es mandar
fruta, señores!!! Mezclar ciencia con política: los
cientificistas-neoliberales-a-sueldo-de-las-farmacéuticas frente a los
psicoanalistas-progresistas-altruistas-por-demás. Hay que ser
ignorante... conocidos escépticos como Alan Sokal, Isaac Asimov, el
propio Bunge, son (o eran, en el caso del fallecido Asimov) socialistas. Y también los hay conservadores: Karl
Popper, Steven Pinker... Por cierto, BCN es Barcelona(?)
Pero hay más:
"A
algunos de estos cientificistas, se los podría
considerar, de modo
tragicómico, como la prueba viva de varios conceptos
psicoanalíticos,
ya que, de cara a lo que odian, o al menos antipatizan (el
psicoanálisis, en este caso), se comportan como cualquier humano al
acecho de lo pulsional. 'Pulsión', 'goce', 'resistencia', 'defensa',
'deseo' y muchos otros conceptos son graficados con gran elocuencia por
estos 'pedagógicos personajes' en sus frecuentes y combativos 'actos',
que si sabemos interpretarlos nos van a ser de gran ayuda para
comprender mejor al psicoanálisis." Este párrafo debería
servir como
advertencia para potenciales
clientes psicoanalíticos, porque demuestra
cómo funciona el chamuyo de esta práctica: todo lo que no está
manifiesto, está latente o reprimido, con lo cual el psicoanalista
siempre tiene razón.
Podría seguir, pero con estas dos "polémicas" alcanza. Debería Ballario
dejarse de versear y ponerse a comprobar la validez del psicoanálisis.
Claro, esa sería una tarea imposible: cómo seguir sosteniendo que los
estados psicóticos tienen origen en la
"forclusión del
'Nombre-del-Padre'" y no en los desbalances en la
actividad de los
receptores de la serotonina y el glutamato, como salió
publicado recientemente en la revista Nature? Pero bueno, esto es parte
del dogma psicoanalítico, seguir la Biblia del Dios Freud y los evangelios según Lacan, Klein, etc., sin enterarse de los avances de las neurociencias en estas dos
últimas décadas. Probablemente, Ballario desconozca que a la década del
90 se la llamó "la década del cerebro" precisamente por estos enormes
avances. Pero es normal, si el psicoanálisis no se ocupa del cerebro...
Que a nadie le sorprenda que el propio Ballario aparezca por aquí a
"refutarme", visto su narcisismo

